En la oscuridad encuentro el temor de
perderte,
y me abrazo al recuerdo de tus labios
amoratados por los años,
lastimados por los malos amantes y por
los buenos,
me aferro a una distancia de tu lacerada
y blanca piel.
En esta temible ligereza de mis sueños,
me encuentro saboreando tu eterno
desprecio,
me enloquece tu terquedad de siempre
quedarte,
me enfurecen los besos melancólicos que
se tiran al aire.
Quiero que me tomes entre tus manos
húmedas y violentas,
arráncame la piel de l a cara, de mis pechos,
de mi entrepierna,
lámeme con tu delicada y áspera lengua el
corazón abierto por los golpes del
destino, ámame cruda y cadenciosamente,
como la primera vez que te imaginé
siendo mío.
Ingrid
Rohe.

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