jueves, 27 de octubre de 2011

INQUIETUD

¿Por qué este impulso equívoco de dialogar con extraños
y contarles mi historia de naufragios y desdichas?
¿Por qué esta desesperación de sentirme solo,
perdido en un mar de hombres?
¿Por qué destruyo siempre lo que amo
y amo lo que me destruye?

Ay el puño del corazón golpeando los muros de mi pecho,
clamando por salir desbordado, ávido
de estrenar el ámbito donde encuentre asilo su orfandad.
Ay mi corazón atrincherado en esta cueva
donde lo parte el lento martillo de la gota que cae,
encogido como un niño enfermo de fiebres,
llorando para sí, pidiendo perdón.

Ay mi huevito de sueño acorralado de amenazas,
mi gemido sofocado, mi mano presurosa a recoger
la pequeñez de todas las migajas.

                                                     ALEQS GARRIGOZ

VATICAN CITY

Había deseado esto toda la vida,
tomarte entre mis manos ruines y deshacerte en mi deseo,
mi boca estaba llena de palabras huecas,
mis ojos delirantes de ver  tu ultimo aliento.

Si… teníamos que enredarnos,
ya lo había soñado antes entre suspiros e incertidumbre,
odiaba escucharte en la lejanía,
el animo de venganza a tu inocencia me consumía.

Ahora es el momento,
voy a cerrar los ojos para no equivocarme,
quiero verte destrozado, inútil, en fin: quiero hacerte mío…
dejare salir ese grito de tu amor prematuro.

Todo ahora será rojo,
los trozos de algo chocaran contra el muro de
nuestros infames recuerdos,
voy a silenciarte para siempre,
volveré a creer que en tu cuerpo inanimado, aun yace mi esperanza.

                                                                  INGRID ROHE